La villa 1-11-14 es un gran supermercado del delito. En sus largos, angostos y zigzagueantes pasillos, en los bunkers, en puertas pintadas de colores ya preestablecidos; en los sótanos de algunas viviendas, en habitaciones sin ventanas y doble entrada, se vende marihuana, paco y cocaína. También armas de guerra, explosivos, uniformes de fuerzas de seguridad, chalecos antibalas. En esa villa del Bajo Flores también se ocultan delincuentes de toda calaña.

Son hombres y mujeres prófugos buscados por la Justicia argentina, o por Interpol. Allí se codean narcotraficantes, violadores, asesinos, barrabravas, ex integrantes de grupos guerrilleros, como Sendero Luminoso, policías corruptos, abogados con llegada a lo más alto del Poder Judicial y punteros políticos que responden a los funcionarios de turno. Un cóctel explosivo.

"En la 1-11-14 manda el que tiene el arma con el calibre más grande", le confesó un testigo de identidad reservada al juez federal Sergio Torres en el expediente, abierto hace siete años, que derivó en el megaoperativo de ayer.

Hasta ese lugar llegaron 2.200 policías y gendarmes que al grito "¡policía!", destrozaron 95 puertas a fuerza de ariete y patadas. Los uniformados, apertrechados como para ir a la guerra, hurgaron hasta en los tanques de agua buscando a los mafiosos ocultos.

El impactante despliegue de fuerza, se asemejó a las mejores escenas de Tropa de elite, que trascurre en las favelas más violentas de Brasil donde anidaban sanguinarias bandas narcos, que produjo Discovery Chanel, y protagonizó Chris Ryans, el héroe de las fuerzas especiales británicas (SAS).